El año 1892 quedó grabado en los anales de la historia por la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América. Sin embargo, más allá de los grandes fastos, la vida en nuestro pueblo transcurrió marcada por una mezcla de dificultades sociales, tradiciones arraigadas y aires de modernización.
El año comenzó bajo un temporal de lluvias persistentes que paralizó las labores agrícolas. Ante la falta de trabajo en el campo y la creciente precariedad de las familias, el Ayuntamiento intervino para paliar la miseria de los jornaleros. Para socorrer a los braceros más necesitados, se organizó un reparto extraordinario de "limosnas" consistentes en pan y bacalao, un gesto de auxilio social en un invierno especialmente crudo.
Al llegar junio, se celebraron las tradicionales fiestas en honor a San Juan Bautista. Aquella edición introdujo un cambio urbanístico significativo ya que las capeas, que hasta entonces se realizaban en la actual Plaza de la Iglesia, se trasladaron a la plaza situada tras el templo parroquial. El traslado respondió al deseo de embellecer y adecentar el centro del pueblo para las celebraciones del Centenario, procediéndose a la creación de un paseo. Con este fin, se adquirieron 3100 losas de diversas medidas, se plantó arbolado, se instalaron cinco farolas y se incorporaron 18 bancos rústicos.
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| La Plaza de la Iglesia se convirtión en "paseo" en 1892 con motivo del embellecimiento de la localidad para la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. |
Otras obras llevadas a cabo a lo largo de este año serían el acerado de calles céntricas de la población como fueron las calles Huelva, Dos Plazas y Río.
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| La calle Río fue una de las calles en las que se realizaron obras de acerado |







