Hubo un tiempo en el que las calles no eran solo un lugar de
paso, sino un mercado abierto donde el sonido de los pregones anunciaba la
llegada de los vendedores ambulantes. Cada uno con su peculiaridad; aguadores,
lecheros, lateros, tapiceros, alfareros; también había quienes traían helados o
dulces. Eran parte de la vida cotidiana, tan esperada como reconocibles por su
voz, su ingenio y la confianza que inspiraban.
Sobre el año 1940 aproximadamente, llega a San Juan del
Puerto, la familia compuesta por Rafael y Pilar junto a sus tres hijos. Se
instala en la calle José Antonio Primo de Rivera, 3 (hoy Dos Plazas), en busca
de una vida mejor. En primer lugar, para el sostén de la familia, deciden abrir
un despacho de dulce, donde pone a la venta pasteles. Al fallecer Pilar madre,
es su hija Pilar la que sale al frente del negocio, al cabo de los años deciden
diversificarlo con una heladería, que le suministraban las firmas comerciales
Avidesa y Kalise de Huelva. También seguían con la confitería. Al mismo tiempo
vendían en aquella época, pelotas de serrín y canastito para los Reyes.
En una familia hay, hombres que se vuelven patrimonio del
pueblo entero por su singularidad. Uno de ellos es Antonio Cisneros Sánchez; más conocido como “Antonio el de Pilar”, hombre sencillo,
amable, risueño y extrovertido, figura entrañable para varias generaciones.
 |
Antonio el de Pilar con su carro de helados en el romerito de la calle Río en el Toconal en 1956. Foto: Manuela Pérez Aquino |
Nació el 9 de julio de 1941. Era hijo de Emilio y Pilar
creció como un niño más en la calle Dos Plazas, junto a su hermana. Desde bien
pequeño supo lo que era la lucha para salir adelante, una vez cumplido sus
estudios primarios, se puso a trabajar junto a sus padres en el negocio de la
heladería. Años difíciles para el empleo.
Así pasó su infancia y juventud. Cumplió con el servicio
militar en Los Rodeos (Canarias), en el Grupo Independiente de Artillería AA
Nº. 2
Muchos los recuerdan recorriendo calles y plazas de un punto
a otro del municipio, con su carro de helados pregonando “¡al rico bombón helado!”,
de todos los tipos como lo de bola, napolitanos, cortes de turrón, polos de nieves
de naranja y limón, etc. Asimismo, solía
acudir en su tiempo al romerito y al muelle. En la fiesta del pueblo estaba
presente tanto en la calle acompañado a su Santo Patrón San Juan Bautista, como
en la tienda. Su ruta de trabajo comenzaba en jornada vespertina. También
vendía en pueblos cercanos, con motivo
de la Romería de Clarines, se acercó con su carro para ofrecerle sus productos a
los beasinos.