Hubo un tiempo en el que las calles no eran solo un lugar de paso, sino un mercado abierto donde el sonido de los pregones anunciaba la llegada de los vendedores ambulantes. Cada uno con su peculiaridad; aguadores, lecheros, lateros, tapiceros, alfareros; también había quienes traían helados o dulces. Eran parte de la vida cotidiana, tan esperada como reconocibles por su voz, su ingenio y la confianza que inspiraban.
Sobre el año 1940 aproximadamente, llega a San Juan del
Puerto, la familia compuesta por Rafael y Pilar junto a sus tres hijos. Se
instala en la calle José Antonio Primo de Rivera, 3 (hoy Dos Plazas), en busca
de una vida mejor. En primer lugar, para el sostén de la familia, deciden abrir
un despacho de dulce, donde pone a la venta pasteles. Al fallecer Pilar madre,
es su hija Pilar la que sale al frente del negocio, al cabo de los años deciden
diversificarlo con una heladería, que le suministraban las firmas comerciales
Avidesa y Calixe de Huelva. También seguían con la confitería. Al mismo tiempo
vendían en aquella época, pelotas de serrín y canastito para los Reyes.
En una familia hay, hombres que se vuelven patrimonio del
pueblo entero por su singularidad. Uno de ellos es Antonio Cisneros Sánchez; más conocido como “Antonio el de Pilar”, hombre sencillo,
amable, risueño y extrovertido, figura entrañable para varias generaciones.
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| Antonio el de Pilar con su carro dehelados en el romerito de la calle Río en el Toconal en 1956. Foto: Manuela Pérez Aquino |
Así pasó su infancia y juventud. Cumplió con el servicio
militar en Los Rodeos (Canarias), en el Grupo Independiente de Artillería AA
Nº. 2
Muchos los recuerdan recorriendo calles y plazas de un punto a otro del municipio, con su carro de helados pregonando “¡al rico bombón helado!”, de todos los tipos como lo de bola, napolitanos, cortes de turrón, polos de nieves de naranja y limón, etc. Asimismo, solía acudir en su tiempo al romerito y al muelle. En la fiesta del pueblo estaba presente tanto en la calle acompañado a su Santo Patrón San Juan Bautista, como en la tienda. Su ruta de trabajo comenzaba en jornada vespertina. También vendía en pueblos cercanos, con motivo de la Romería de Clarines, se acercó con su carro para ofrecerle sus productos a los beasinos.
Finalizado la época estival, el resto del año, trabajaba en
aquello que le caía. Así tenemos constancia de la Empresa Tubo Borna, y
posteriormente estuvo repartiendo pan de Valentín con su furgoneta que se compró
con sus ahorros, y que a la postre le servía también para llevar el sustento a
su familia.
Antonio tenía un don de palabra, trato fácil, un modo
especial de conectar con la gente. Más que un comerciante, fue un personaje del
pueblo, alguien a quien se reconocía no sólo por lo que vendía, sino por la
manera de estar y de vivir, con humildad y constancia.
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| Puerta de entrada a la heladería de Pilar en la calle Dos Plazaz número 3. Foto de Manuela Pérez Aquino |
Corría el año 1985, el carnaval de San Juan del Puerto estaba
en sus comienzos cuando, Antonio, que se ponía el mundo por montera, no dudó en
disfrazarse de barbero con la Peña “Los Carrihuelas”.
Al año siguiente 1986, de “Los Locos de la Colina”,
disfrazado de Jesús Quintero, como nuestro paisano. Fueron dos años en los que
participó en el carnaval de nuestro pueblo.
En el año 1987 no pudo salir debido a las circunstancias laborales
ya que cambió de negocio, de la confitería de Pilar pasó a búrguer “La
Pilarica”.
Pasarán los años y el legado de Antonio seguirá siendo
recordado. Su figura formó parte del paisanaje urbano. Murió a los 58 años
rodeado de su familia que forma parte de un recuerdo colectivo de San Juan del
Puerto. Su vida fue la de un hombre corriente que hizo de lo sencillo una
virtud: la venta pública como forma de vida y el contacto humano, su mayor
riqueza.
Artículo realizado por Francisco Toro Rodríguez publicado en la revista de las fiestas patronales de San Juan Bautista 2026. Editada por el Ilustrísimo Ayuntamiento de San Juan del Puerto.


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